Capítulo 23
Pos resulta que no me fuí a trabajar. Antes de decirle a Hanzel que yo también quería cambiarme y poco antes de ir a la chamba me pidió apoyo para la mudanza. Práctoca,emte sólo me dio tiempo para preparar algo de comer (aligerar la carga) y mandar un correo a mis papás avisando del cambio.
La sede nueva no está lejos de la casa donde llegué. Son dos cuartos, cocina y baño, no hay sala pero es agradable, todo es amplio.
Antes de conocer el departamento, claro, tuve que rehacer maletas y preparar más o menos lo que nos llevaríamos. Sin mochilas la casa está a 10 minutos caminando, con maletas a unos 20, con sillón, colchonea y base d cama sube a 30 ó 40 minutos. En bici no he probado pero serán como 5 minutos.
Por cierto, había olvidado mencionar que del 1 de abril al nosécuál de noviembre está disponible algo llamado ciclopista para que circulen por toda la ciudad bicicletas, patines y patinetas además de gente corriendo. Son dos carriles (uno para cada sentido) y tienen semáforos similares a los peatonales, además de respetar las luces viales y tener señas con manos y brazos similaras a las utilizadas por los primeros conductores de automóvil. También por toda la ciudad hay unas estructuras para dejar “estacionadas” las biclas, sin olvidar que todo poste es útil para lo mismo.
Volvamos a la cassa. Como dije, en un primer viaje cargamos maletas; en el segundo se unieron Hanzel y Christian. Este último (Chef Chon, como le apodan) y Hugo se llevaron los dos soportes de una cama de madera, Hanzel tomó una bici donde montó la “Silla futurista” de Chon (una especie de mecedora de metal) y yo iba a agarrar una colchoneta, pero a Carlos se le ocurrió que pusiéramos la colchoneta sobre un sillón y entre los dos lo cargaramos. La idea fue buena hasta ahí, porque también se le ocurrió montar el sillón con colchoneta a la estructura de la cama.
En sí, individualmente nada era pesado, pero las tres cosas juntas fueron poco prácticas para moverse tres cuadras al frente (dos medianas y una larga) y otras dos a la derecha (cortas).
Por ello, casi al inicio de la cuadra eterna (la de la mitad) tuvimos que dejar en pausa la cama, Carlos se llevó sólo el sillón y yo jalé la colchoneta. Es increíble todo el peso que va adquiriendo una simpre colchoneta con cada paso.
Finalmente llegamos al depto e hicimos otro viaje a la casa de la Familia Chaparro por más maletas y una ligera despensa. Hubo un cuarto viaje por más maletas, cobijas, un bote raro para la ropa sucia y un horno de microondas que estaba en la calle.
Al respecto, no sé si comenté que en Montreal (supongo que en todo Canadá es igual) a la gente le encanta tirar cosas en buen estado como muebles, televisiones, camas, el caso de la lavadora y secadora de Christian que sacamos en la escombrada de garage, y cosas por el estilo. Hoy vi una bicicleta decente que necesitaba sólo la cámara de la llanta trasera, pero estaba lejos de la casa y no sé en cuánto salga la cámara.
La idea es que la gente no tira a la basura completamente las cosas, sino que las saca a la calle a disposición de los transeúntes, si tú pasas y te gusta algo te lo puedes llevar sin problema y sin ver mal visto. De esa forma la gente que no tiene dinero para comprar cosas, puede hacer su casa sin mucha dificultad y en buen estado, pues no todo lo que sacan está para tirarse, al contario. Es más, me ha tocado ver cómo sacan computadoras, televisiones, bocinas y muebles con no más de un año o dos de uso, pero como ya no cabe en la casa lo ponen “A donné”, es decir, a donación. Incluso hay gente que cada noche y madrugada sale a recoger cosas para montar su casa o posteriormente venderlas, también hay varios juntando latas y botellas para canjearlas por dinero.
Ahora bien, si el que recoge la basura pasa antes que el transeúnte aún tienes oportunidad de adquirir cosas en el centro de reciclaje.
Luego del cuarto viaje, Carlos y yo hicimos uno más, pues en la esquina de Boyer hay una pizzería, así que fuimos por la cena y una pesa de 20 kilos que Hugo dejó en casa. Sobra decir que el trayecto fue menos doloroso.
Tras la cena con platos de cartón en forma de tapa de pizza, nos distribuímos por el departamento, Carlos en la primer recámara (la pequeña) durmiéndo en una colchoneta delgada que trajo desde México; Hugo y yo en la colchoneta que cargamos. Fue una noche cómoda, con muchas ganas de ir consiguiendo cosas para nuestra nueva casa y empezar una nueva etapa.
Personalmente ya estoy cansado de mudanzas. En febrero pasado me tocó mudar mis cosas de Xalapa a la casa de Socorro (una amiga del Cemac) y al DF, luego desempacar, lavar y hacer maletas para seis meses en Canadá; llegar y acomodar, ahora una mudanza nueva y falta el regreso al DF para después conseguir casa en Xalapa y volver a mudar muebles.
Todo esto del movimiento fue ayer, pero hoy en la mañana también tocó carga. Me fui con Carlos a un centro de reciclaje, donde van a parar los hornos, telas, muebles y etcéteras que la gente deja en la calle y nadie recoge. como dije, con la menor provocación la gente bota cosas bien útiles. Hoy sacamos un armario, almohadas, tostador, dotación de clavos y tornillos, mesa, bote para ropa sucia, carrito para transportar, una palm, portavelas, sartenes, juego nini de baraja, campanita pa´ llamar a comer y un acetato de Alan Parsons Project, dejándo en el olvido algo que se me haya pasado y en el depósito un cuadro de tres osos por falta de espacio. todo por $20 dólares.
Quizá mañana o el sábado nos demos otra vuelta.




























































