Capítulo 11

Ayer, domingo 15 de marzo, se realizó en Montreal la Marcha anual contra la brutalidad policiaca. Yo me enteré tarde, como a la 1pm y la gente comenzó a reunirese desde las 11 horas. Las estaciones de metro cercanas estaban cerradas en ese momento, por lo cual tardé en decidirme si ir a pasear con los manifestanteso por mi cuenta a otro lado. Pero cuando opté por la marcha se anunció en la tv que ya funcionaba el subterráneo.
La gente se juntó en la estación Mont-Royal y cuando llegué ahí el sonido dentro de los vagones informó que se saltaría a la siguiente “por razones de seguridad” o algo así. Bajé en Sherbrooke y caminé como pastor en la primer Navidad, sólo que en lugar de estar perdido siguiendo la estrella de Belén fui guiado por un helicóptero.

Llegué justo a tiempo, pues apenas tomaba las primeras dos fotos todos empezaron a caminar. Gritos como “No justice, no kills, fuck the police” se escucharon desde el principio. Llegamos a la esquina de Mont-Royal con Sherbrooke y ahí había ynos 20 ó 30 policías (tipo granaderos) esperando. La gente se veía con una rara rudeza, la característica de un joven que inicia sus pasos en el arte de la rebeldía callejera. Los policías se notaban nerviosos. No pasaron ni 30 segundos cuando llovieron las primeras piedras por parte de los manifestantes. Durante otros segundos pareció que no habría reacción, pero sin mucho preámbulo (y a media toma fotográfica) sonó la primera de 3 bombas de humo en medio de ambos lados.




Pensé que lloverían entonces más piedras, que se realizaría el primer encontronazo o la primer persecución, sin embargo todos los manifestantes comenzaron a correr sin saber hacia dónde, si huir o esconderse, abandonar a sus amigos o esperarlos. Alguien decidió dar marcha atrás y desandaron la avenida para tomar una pequeña calle paralela a Sherbroke. Me adelanté al contingente y subí al balcón de una de las casas para hacer otras tomas. Ahí me di cuenta que en realidad no había mucha gente, ni siquiera para “la pasividad cotidiana de Montreal”, comentó más tarde Nina. Me pareció que una buena parte de los manifestantes eran latinos aunque quizá sólo haya sido mi percepción, lo cual no me agradó mucho (ahora sé que esta marcha comenzó a realizarse tras la muerte de un quebeco-salvadoreño).

Lo que sí es que mucha gente iba sólo a pasear, pues cuatro personas en distintos momentos se acercaron a preguntarme “el motivo de este alboroto”. Antes había consultado a una chica que me explicó en francenglish un poco, así que después de aclararles que también me estaba enterando, les comentaba lo que la chica me dijo. Estos cuates ya llevaban rato cuando se me acerecaron y siguieron en la marcha sin saber realmente de qué trataba, lo cual también es preocupante.
De igual forma se comportaba el resto del contingente, veían botes de basura y los tiraban o intentaban prender en fuego, veían piedras y las arrojaban al cristal del negocio más cercano, cuando aparecían las patrullas o policías en bicicleta exclamaban en tono de gemido un asustado “Ah!” , se detenían, decidían a dónde caminar o si iban a atacar y luego se encaminaban. Quienes iban más atrás exlamaban u sarcástico “oh oh!” y seguían su marcha sin quitar su mirada temerosa (esa sí sincera) de los uniformados. Algunos aprovechaban la bola para aventar piedras tamaño limón que no llegaban muy lejos ni fuerte, aún así los policías se escudaban pronto.
Me dio risa un tipo con facha de punk totalmente anárquico y con aires de gran experiencia en estos movimientos, que sabrá él de dónde sacó una silla, la arrojó con mucho esfuerzo a la puerta de un hotel mientras la gente cerca esperábamos con expectativa el estruendoso resultado, sin embargo la silla no llegó a más de cinco metros, la puerta estaba a unos 15. El vato este volvió a tomar la silla y volvió a aventarla con aún más fuerza, pese a lo cual el “destructivo artefacto” no pasó su marca anterior. El mono se dio por vencido y se escondió entre la multitud y las miradas de su nutrido público, quienes no supimos si reir, aplaudir su esfuerzo o ayudarle con el autoestima, así que optamos por ignorarlo.

Para entonces yo había dejado la punta del contingente para irme en medio, donde podría ver los resultados de los adelantados y las reacciones del resto. A los pocos minutos de vidrios rotos, botes de basura tirados (tampoco pudieron incendiarlos), un camión y parabuses pintados con la leyenda “Fuck the police” y algunos autos sorprendidos por la manifestación que incitaban a los marchantes (quizá en apoyo, quizá por seguridad), dos chicas iban caminando y sorprendieron a los demás (digamos educadamente que les provocaron la expulsión de un residuo gaseoso rectal) cuando una trastabilló y tiró un frasco con pintura que serpia destinado a la policía; su amiga se sobresaltó y tiró un pequeño contenedor con gas pimienta desatando una onda de incertidumbre en la mayoría de la gente al no saber de momento si eso había sido lanzado por la policía.
Creo que fue debido a la tensión de ese incidente que cuando aparecieron los cuerpos de seguridad y lanzaron una bomba más, todos corrieron (-imos) nuevamente como hormigas ante la lluvia.
Fue buena fortuna para los uniformados, pues el contingente se dispersó de tal forma que sólo una tercera o cuarrta parte de quienes iniciamos terminaron la marcha, otros tantos perdimos la ruta. Intentamos seguirla pero sólo nos encontramos más policía. Eran aproximadamente las 5 de la tarde cuando decidí regresar a casa.

Al prender la televisión supe que los manifestantes entraron a una construcción y la “tomaron”; cuando apareció la policía hubo un enfrentamiento de gas contra todo lo aventable que hubo en la construcción sin mayores consecuencias que 300 detenidos, de los cuales 28 fueron por actos delictivos, el resto por “causar disturbios en la vía pública”.




