Capítulo 27
Primero fuimos a una biblioteca afuera del metro Mont-Royal de donde tenemos la credencial de Hanzel. Pedímos una computadora para checar correos y satisfacer la adicción al Internet, pero quedarían libres hasta las 4 pm, una hora de espera.
Nos sentamos un rato afuera del metro, en un jardín con bancas y alta demanda de montrealenses que recuerdan cómo es el Sol luego de seis meses de invierno. Se salen a tomar algo de color cual lagartija ya sea sentados en el pasto o jardinera.
Un par de personas traían música (guitarra acústica y ukulele) y cada quien tratando de hacer más o menos amena la tarde para los echan(mos) la hueva.
La vida en esta ciudad es muy distinta cuando aparece el Sol. Yo ya había dejado la chamarra al igual que la mayoría, incluyendo, claro, a las guapas montrealenses.
¿Recuerdan que había dicho que el abrigo les acentaba bien a las chicas de aquí? pues sin el también se lucen las condenadas.
Empezamos a recordar el pobre desayuno y nos encaminamos a un restaurante cantonés, trayecto en el cual nos encontramos con más y más chicas. Caballeros, me encantaría mandarles hartas fotos, en verdad, pero no podría concentrar el lente en alguna sola por el tiempo suficiente, es más, quizá hasta se quemaría la pila o se alentaría el mecanísmo.
En estos días intentaré enfocar, espero lograrlo para que no me digan envidioso.
Chicas lectoras, no es mala onda pero es imposible intentar fotos para ustedes. Una opción es que vean las demás imagenes, probablemente habrá algún canadiense de colado.
Cuando faltaban 2 ó 3 cuadras para el restaurante nos dimos cuenta que ya no teníamos el tiempo suficiente para comer, así que nos regresamos.
El tiempo de PC fue apenas suficiente para saludar a mis papás y enterarme de los chismes noticiosos en México. Salimos, fuimos por un helado y regresamos a los jardines del metro. realmente la vida es distinta con la temperatura, había mucha, mucha más gente que cuando hacía frío.
A casa regresamos luego de un rato, pues a las 6.30 pm teníamos cita con Karim y su amigo para echar otro partido.
…
Alto… no me puedo concentrar.
¿Han tenido días en los que el buque se les va del puerto y les entra algún trastorno mental?
… Se me hace que algo tenía el helado. Debo escribir una especie de temor-confesión. Desde hace varios días (semanas tal vez) siento que tengo algo de paranoia, de por si ya lo dudaba, pero ahora me preocupa un poco más.
Es raro, sé que el mundo nunca gira alrededor mio, ni siquiera mi mundo, pero aún así me pongo alerta con el menor impulso. Espero sólo sea una racha, pues no está nada chido, no me gusta no poder confiar y no se puede descansar por mucho tiempo.
Quizá sea provocado por algunos acontecimientos duros antes y durante el viaje, quizá sea algo más delicado, quizá sean sólo las chocochispas de mi helado y para nada creo que sea egoísmo. en fin.
…
Después de la cáscara nos regresamos a casa, al fin desayunar-comer-cenar como se debe, regaderazos y luego a un bar-club con rítmos latinos, banda en vivo (aunque llegamos a las últimas dos canciones) y mesa de billar con retas de a dólar.
Veníamos de vuelta al Depa de Babel como a las 3 am con una ligera llovizna bajo la cual platicamos Carlos y yo sobre cómo descubrimos y hemos mutado el “trato correcto” con las niñas.
Fuimos un poco similares pues rivera no pelaba mucho a las chicas en primaria y secundaria por estar clavado en el fut; yo las pelaba pero de una forma distinta difícil de relatar, sólo que era divertido probar los alcances de la imaginación y los nexos de la fantasía con la realidad. Pero al llegar a la prepa hubo diferencias pues él comenzó a atender su lado romántico mientras yo ya estaba harto de el mio y buscaba dónde esconderlo.
Aún hoy hay veces que sigo intentando escapar pero no he podido del todo, un poco por ya no estar seguro de querer y otro tanto porqeu no tendría mucho en qué pensar, por qué escribir, hacer música o no sé.
No es fácil tratar de domesticar la mente y menos tenerla de contentillo. Jeje, quizá la paranoia que percibo es sólo el desquite de mi mente que contraataca. Afortunadamente siempre aparece alguien capaz de revivir un leve lo olvidado; lo malo es que entonces descubro que efectivamente he dejado cosas en el camino, aún que tampoco se puede localizar algo que no se ha dejado perdido.
Ojalá mi cabeza no vaya para menos y la razón se declare en huelga (genial, ahora autoparanóico y esquizofrénico). Lo que no hallo es la burbuja… la necesito…

























































